Blog

¿Puede el índice omega-3 predecir el riesgo de enfermedad cardiovascular, enfermedad renal crónica y complicaciones asociadas?

  • 12/13/2018

Puesto que diversos ácidos grasos forman parte de la bicapa lipídica de la membrana celular, los cambios en estos pueden afectar a sus características y, por lo tanto, a sus efectos biológicos. Por ejemplo, los ácidos grasos omega-3 se incorporan a la membrana de los fosfolípidos y alteran las propiedades fisicoquímicas de las estructuras de membrana, modulando los procesos inflamatorios celulares y el crecimiento o la apoptosis celular; el ácido docosahexaenoico (DHA) y el eicosapentaenoico reducen reguladores clave para la transcripción de citocinas desde células inmunitarias circulantes, disminuyendo la producción de citocinas inflamatorias. Más generalmente, los cambios en el contenido de ácidos grasos de la membrana celular de los eritrocitos se asocian con diversas condiciones: la ingesta dietética de ácidos grasos durante los tres meses anteriores a la medición, dislipidemia e hiperglucemia.

La prevalencia de enfermedad renal crónica está aumentando, debido al incremento de ancianos e individuos con obesidad, hipertensión, síndrome metabólico, diabetes y enfermedad cardiovascular. La enfermedad cardiovascular no es solo un resultado de la enfermedad renal crónica, sino también una causa de esta. La enfermedad renal crónica se determina en presencia de albuminuria con tasa de filtrado glomerular (TFG) normal o TFG <60 ml/min/1,73 m2 sin albuminuria. La albuminuria y una TFG baja también suponen un riesgo aumentado de enfermedad cardiovascular. Un aumento de la proteinuria, la hipertensión no controlada, altos niveles mantenidos de glucosa y la dislipidemia son factores conocidos de progresión de la enfermedad renal crónica. Ambas condiciones guardan una estrecha relación.

¿Puede la composición en ácidos grasos omega-3 de la membrana eritrocítica (el índice omega-3) ayudar en la predicción del riesgo de enfermedad cardiovascular, enfermedad renal crónica y complicaciones asociadas?

Riesgo cardiovascular:

  • Los ácidos grasos omega-3 reducen el riesgo de enfermedad cardiovascular regulando factores de riesgo (dislipidemia, presión sanguínea alta, obesidad central e inflamación) mediante múltiples vías moleculares.
  • El riesgo de diabetes tipo-2 se ha asociado negativamente con el contenido en ácidos grasos omega-3 en membrana eritrocítica.
  • El DHA en fosfolípidos sérico es significativamente bajo en la arteriopatía coronaria, particularmente en los individuos con síndrome metabólico; también se relaciona negativamente con la rigidez arterial en hombres metabólicamente sanos.
  • Una concentración eritrocítica alta de DHA se asocia con mejor función endotelial.
  • El riesgo de estenosis aterosclerótica intracraneal se asocia inversamente con los niveles de DHA en fosfolípidos sanguíneos.
  • El índice omega-3 está fuertemente relacionado con el contenido en ácidos grasos omega-3 en el tejido cardiaco y los fosfolípidos sanguíneos.
  • Un índice omega-3 mayor del 8% se asocia con menor mortalidad por arteriopatía coronaria (en comparación con uno menor al 4% en un metaanálisis de 10 cohortes).

Por tanto, el contenido en ácidos grasos omega-3 en fosfolípidos y membranas eritrocíticas puede ser un importante marcador de riesgo cardiovascular.

Riesgo renal:

  • En sujetos ancianos se ha hallado relación entre altos niveles totales de ácidos grasos poliinsaturados y una mayor TFG.
  • En el mismo estudio, los niveles totales plasmáticos de ácidos grasos poliinsaturados se asociaron inversamente con la excreción urinaria de proteínas, pero solo los niveles de ácidos grasos omega-3 se asociaron inversamente con el riesgo de desarrollar insuficiencia renal o muerte.
  • Otro estudio sustenta que altos contenidos de ácidos grasos omega-3 en la membrana eritrocítica se asocian con menor lesión tubulointersticial. 
  • Después recibir un trasplante de riñón los pacientes con menores niveles sanguíneos de ácidos grasos omega-3 mostraron disfunción del injerto más rápida que aquellos con niveles altos. Los niveles plasmáticos bajos de ácidos grasos omega-3 se asociaron positivamente con el desarrollo de fibrosis intersticial durante el primer año después del trasplante.
  • La suplementación con ácidos grasos omega-3 han mostrado atenuar la progresión de la albuminuria en sujetos con diabetes tipo 2 y arteriopatía coronaria.

Los niveles circulantes de ácidos grasos omega-3 pueden ser un buen indicador de la función renal después de un trasplante de riñón.

Predicción de riesgo cardiovascular y mortalidad en pacientes con enfermedad renal crónica:

  • En pacientes dializados, el DHA de membrana eritrocítica se asocia inversamente con mortalidad por enfermedad.
  • En pacientes dializados, los niveles de ácidos grasos saturados y monoinsaturados son más altos, mientras que los de ácidos grasos omega-3 son más bajos; esto se asocia con trastornos lipídicos y cardiomiopatía.
  • La muerte súbita durante el primer año de hemodiálisis se relaciona negativamente con los niveles de ácidos grasos omega-3, especialmente DHA.
  • En pacientes dializados con enfermedad cardiovascular, los niveles séricos de DHA son significativamente más bajos en aquellos con fibrilación auricular que en aquellos con ritmo sinusal (normal).
  • Los niveles de ácidos grasos omega-3 plasmáticos se han asociado con menor tasa cardiaca en reposo, menores concentraciones de triglicéridos y mayores de lipoproteínas de alta densidad (HDL).
  • En receptores de trasplantes renales, los niveles plasmáticos de ácidos grasos omega-3 se han asociado inversamente con menor mortalidad cardiovascular global y, en particular, muerte súbita cardiaca y muerte por ictus.

Puede concluirse que los ácidos grasos omega-3 tienen un efecto favorable sobre la morbilidad y mortalidad cardiovascular, aunque algunos estudios no han observado una reducción en el riesgo cardiovascular tras la suplementación con ácidos grasos omega-3. La American Heart Association recomienda que los pacientes con enfermedad renal crónica y enfermedades cardiacas consuman ácidos grasos omega-3.

Las observaciones expuestas muestran que la medición de los ácidos grasos, particularmente la de los ácidos grasos omega-3, tanto en plasma como en membrana eritrocítica, puede ser útil para la predicción del riesgo de enfermedad cardiovascular y enfermedad renal crónica, su progresión y posibles complicaciones.

Compartir en:

CATEGORÍAS

EXPERTOS