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Una revisión de las posibles relaciones entre AGPI omega-3 y depresión, ansiedad y trastornos por estrés

  • 10/31/2018

El sistema nervioso central (SNC) tiene la mayor concentración de lípidos en el organismo después del tejido adiposo. Entre estos lípidos, en el cerebro destacan los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (AGPI-CL) docosahexaenoico (DHA, de la familia de los omega-3) y araquidónico (AA, de la familia de los omega-6). Estos ácidos son indispensables para el correcto desarrollo y funcionamiento del SNC. Se considera que los seres humanos evolucionaron con una dieta en la cual la ratio omega-6:omega-3 era aproximadamente igual a 1. Posteriormente, a partir de la era industrial esta proporción cambió y empezaron a consumirse alimentos con mayor cantidad de AGPI omega-6 que de AGPI omega-3. Además de que los ácidos de cadena corta de las respectivas familias (precursores de los de cadena larga) son ácidos esenciales, que el cuerpo humano no puede sintetizar, y deben ser obtenidos mediante la dieta, en el caso de los omega-3 la conversión es poco eficiente. En resumen, existe un déficit de AGPI-CL omega-3 (DHA y ácido eicosapentaenoico [EPA]).

Estudios epidemiológicos han vinculado la deficiencia dietética en AGPI-CL omega-3 con la depresión y estudios clínicos han mostrado que los sujetos diagnosticados con depresión, ansiedad y trastornos por estrés (p. ej., el trastorno por estrés postraumático) presentan menores niveles de AGPI omega-3 y una mayor ratio omega-6:omega-3 en la sangre (principalmente en la membrana de los eritrocitos) y el cerebro que los sujetos sanos de su grupo de referencia (edad y sexo); y las mismas observaciones se han obtenido en estudios post mortem. Los estudios con modelos animales van en la misma dirección.  

Los resultados de los estudios de suplementación con AGPI-CL omega-3 en pacientes con trastornos depresivos son heterogéneos, algunos han hallado que el EPA y el DHA tienen efectos positivos sobre los síntomas depresivos, mientras que otros no han observado tales efectos. Esta diversidad de resultados podría atribuirse no solo a la heterogeneidad de las características de los ensayos clínicos (diseño, muestra, duración), sino también a la calidad y cantidad de AGPI empleados, el tipo de placebo, el uso o no de medicación concomitante y la gravedad de los síntomas al inicio del estudio.   

Estudios realizados recientemente sugieren que los efectos beneficiosos de los AGPI-CL omega-3 en los trastornos depresivos son atribuibles principalmente al EPA, que ha resultado más eficaz que el DHA en estos. Sin embargo, serán necesarios más estudios para hallar la explicación de este efecto (puesto que el DHA puede formarse a partir del EPA, y en esta vía de conversión están implicadas enzimas necesarias para la producción de AGPI-CL omega-6, por lo que la suplementación con EPA podría conducir a un aumento de DHA y una reducción de AGPI-CL omega-6).  

A pesar de los avances en la comprensión de la fisiopatología de la depresión, aproximadamente un 40% de los pacientes no responde a los tratamientos. En diversos estudios, la suplementación con AGPI-CL omega-3 ha reducido la gravedad de los síntomas depresivos en pacientes resistentes a antidepresivos como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.

Los AGPI-CL omega-3 y sus metabolitos desempeñan papeles importantes como moléculas de señalización que regulan la inflamación, también contribuyen a la transducción de la señal entre neuronas o neuronas y células gliales. En el cerebro hay mayor concentración de DHA que de EPA (el cual se oxida rápidamente y se almacena poco), por lo cual nos centraremos en él. Una vez que el DHA entra en el cerebro, se une a los fosfolípidos de membrana (tanto de neuronas como de células gliales); en respuesta a estimulación neuronal, lesión o estrés, el DHA es liberado desde los fosfolípidos y puede activar receptores específicos o ser metabolizado en metabolitos específicos que regulan vías específicas importantes en la neurotransmisión y la neuroinflamación. Datos provenientes de estudios experimentales indican que varios de estos receptores específicos podrían mediar un efecto directo del DHA en las neuronas para controlar la conducta emocional: RXR (receptor del ácido retinoico); FFAR (receptores de ácidos grasos libres), GPR40 (FFAR1) y GPR120 (FFAR4). Futuros estudios determinarán si la acción del DHA sobre estos receptores es protectora respecto a la depresión y los trastornos de ansiedad en humanos. La regulación del sistema endocannabinoide también podría mediar el efecto neuroprotector de los AGPI omega-3, puesto que ambos se consideran implicados en la depresión. Se sabe que el sistema endocannabinoide está íntimamente implicado en la regulación del eje hipotalámico-pituitario-adrenal, pero aún tiene que determinarse si estos dos mecanismos están interconectados en los efectos de la depresión inducida por déficit de AGPI omega-3.

El conocimiento de estos mecanismos es posible que posibilite en el futuro la existencia de estrategias no farmacológicas para el tratamiento de los trastornos del ánimo u otros trastornos psiquiátricos.

Larrieu T, Layé S. Food for mood: relevance of nutritional omega-3 fatty acids for depression and anxiety. Front Physiol. 2018;9:1047.

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6087749/

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