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El EPA en el tratamiento de la hipertrigliceridemia en la diabetes tipo 2

  • expertomega3
  • 02/24/2015

La enfermedad cardiovascular (ECV) es la principal causa de muerte en los pacientes con diabetes tipo 2 (con una tasa de dos a cuatro veces mayor que en la población no diabética). Por ello, las pautas de la American Diabetes Association (ADA) recomiendan su prevención con el control de la presión sanguínea, el colesterol LDL (lipoproteínas de baja densidad) y HDL (lipoproteínas de alta densidad), los triglicéridos y la hemoglobina glucosilada (HbA1c). En este tipo de diabetes se ha demostrado que los triglicéridos plasmáticos son un predictor de la mortalidad a 10 años, independientemente de los otros parámetros nombrados: entre todos ellos, únicamente el nivel deseable de triglicéridos (<150 mg/dl) se relaciona significativamente con un menor riesgo de mortalidad (incluso teniendo en cuenta el efecto de los factores de riesgo cardiovascular tradicionales y los tratamientos farmacológicos). Por lo tanto, en estos pacientes es particularmente importante reducir los valores altos de triglicéridos.

A pesar del control de factores como la hipertensión, el colesterol LDL y la hiperglucemia, en las personas con diabetes tipo 2 persiste el riesgo cardiovascular. Ello se debe principalmente a que presentan un perfil de dislipidemia particularmente aterogénico (triglicéridos elevados, bajo colesterol HDL y predominancia de pequeñas partículas LDL), que se observa en aquellos con síndrome metabólico. En este tipo de dislipidemia aterogénica, cuando los objetivos terapéuticos no se alcanzan con estatinas, se recomienda la adición de niacina o fibratos. Los ácidos grasos omega-3 constituyen una alternativa a estos últimos.

La American Heart Association recomienda de 2 a 4 g/día de ácido eicosapentaenoico (EPA) + ácido docosahexaenoico (DHA) para los pacientes que necesitan reducir sus niveles de triglicéridos, y para la Endocrine Society los ácidos grasos omega-3 solos o en combinación con estatinas pueden considerarse una opción de tratamiento para aquellos con niveles de triglicéridos de moderados a altos, ya que administrados en forma de complemento de aceite de pescado consiguen una reducción de entre un 25% y un 34% (dependiendo la magnitud de este efecto de la dosis de ácidos grasos omega-3 y del nivel inicial de triglicéridos). Se ha observado que cuando los niveles de colesterol LDL están elevados, la asociación de EPA+DHA puede dificultar la consecución de los valores de colesterol LDL deseados en los pacientes con dislipidemia. En estos es preferible administrar únicamente EPA, que, tal como se ha demostrado en varios estudios, disminuye los niveles de triglicéridos, de lipoproteínas aterogénicas y de marcadores de función vascular (investigaciones recientes indican que el mecanismo subyacente a la asociación entre triglicéridos y enfermedad cardiovascular (ECV) podría estar principalmente relacionado con la disfunción endotelial que inducen los TG vía estrés oxidativo) sin aumentar los valores de colesterol LDL.

El EPA (independientemente del DHA) podría ser el tratamiento de opción para la reducción de los triglicéridos como estrategia de prevención de la enfermedad cardiovascular, y ello tiene especial importancia en los pacientes con diabetes tipo 2.
 
 

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