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Omega-3 y rendimiento cognitivo en adolescentes

  • expertomega3
  • 02/15/2016

Durante la adolescencia, el área cerebral que más se desarrolla es el córtex prefrontal (un área especialmente rica en ácido docosahexaenoico [DHA]), crucial en las funciones cognitivas altas (inhibición e interferencia, memoria de trabajo y flexibilidad cognitiva) que son fundamentales en el razonamiento y la resolución de problemas. Por lo tanto, se considera que estas funciones son importantes para el éxito académico aunque, naturalmente, el rendimiento escolar depende también de otros factores, como el tiempo empleado en los deberes y la personalidad.

En estudios observacionales en adolescentes se ha hallado una asociación beneficiosa entre el consumo de pescado (principal fuente de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga EPA y DHA), el rendimiento cognitivo y el promedio de calificaciones académicas. Recientemente se ha evaluado la asociación entre el Índice omega-3 (porcentaje de EPA + DHA respecto del total de ácidos grasos en la membrana de los eritrocitos), una medida más objetiva y precisa que el “consumo”, y el rendimiento cognitivo en adolescentes con un desarrollo típico (n=266; edad ≤13 a ≥15). Los resultados muestran que un mayor Índice omega-3 se asocia con mayores velocidades de procesamiento de información y, también, que los estudiantes con un mayor Índice omega-3 cometen menos errores de omisión en un test de atención (lo que significa más atención y menos impulsividad).

El Índice omega-3 promedio de la muestra de adolescentes se halló mucho más bajo (3,83%) que el rango recomendado (8%-11%), lo que no debe sorprender, ya que el 13,9% declaró no consumir nunca pescado, mientras que el 77% dijo sólo hacerlo raramente.

Muchos estudios han mostrado los beneficios cardiovasculares de los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga omega-3. Por ello, instituciones como The American Heart Association y el Dietary Guidelines Advisory Committee, reconocidos mundialmente, recomiendan al menos dos raciones de pescado por semana, especialmente pescado graso, rico en EPA y DHA (esto se traduce en, al menos, 250 mg por día de EPA más DHA). En los Estados Unidos, sin embargo, menos del 10% de la población cumple esta recomendación. Como resultado, en el 98% de la población, la concentración en la sangre de estos omega-3 está por debajo de un nivel asociado al cumplimiento de las recomendaciones dietéticas. Se estima que en 2030, el 40,5% de la población de los Estados Unidos tendrá algún tipo de enfermedad cardiovascular (ECV) y que los costes reales indirectos de todas las ECV se incrementará en un 61% desde el 2010 al 2030. Sin embargo, también se estima que incrementar el consumo de omega-3 (y, por extensión, sus niveles en sangre) podría reducir significativamente los costes del sistema sanitario de Estados Unidos.

En contraste con lo explicado, y de acuerdo con una encuesta realizada por la Global Health and Nutrition Alliance en Estados Unidos, Alemania y Reino Unido, el 52% de la población cree que consume todos los nutrientes clave necesarios para una nutrición óptima solo con su dieta. La mayoría de adultos, con independencia  del país, piensan que tienen una dieta óptima y adecuada en ácidos grasos omega-3; pero las ECV siguen siendo la principal causa de mortalidad en los tres países de esta encuesta.

Es evidente la necesidad de incrementar el consumo de ácidos grasos omega-3, pero el consumo de pescado a los niveles recomendados para obtener las concentraciones adecuadas de omega-3 puede ser costoso y, además, las preocupaciones sobre el mercurio pueden limitar el consumo de pescado en grupos como los niños y las mujeres embarazadas y lactantes. Por ello, la suplementación con omega-3 surge como una buena opción.

 

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